Mitos, Leyendas y tradiciones
Un viaje al corazón de la memoria, los cuentos y la cultura de la parroquia El Cabo.
Si te bañas en Viernes Santo
El pueblo de El Cabo vivía la Semana Santa con profunda devoción. Estaba prohibido comer carne el miércoles y el viernes, día en que nadie podía trabajar ni hacer esfuerzo físico, solo rezar y preparar la fanesca. En la tarde no se podía jugar a las cartas porque decían que estaban rifando a Jesucristo y, por supuesto, existía la firme creencia de que no podías bañarte porque te convertías en pez.
La Mama Huaca
La Mama Huaca es una vieja que vive en los cerros, alejada de la civilización en una cueva llena de oro. Dicen que recibe niños no bautizados, a cambio les da a sus padres una mazorca de oro. Estos niños finalmente se convierten en los agresivos chuzalongos que atemorizan a las doncellas.
Todavía existe la leyenda de la mama huaca y quien la encuentre se beneficiará de los tesoros que tiene en la cueva. Se cuenta que en la fiesta de San Miguel en las vísperas le han visto disfrazada de viejo ruco, o que aparece en El Cabo para quemar la chamiza.
El Chuzalongo
Del quichua “Chusu” (pequeño) y “lunku” (joven), la traducción más aceptada es “duende”. Es descrito como un ser rubio de ojos celestes, de larga cabellera, seductor y malvado, que tiene los pies vueltos hacia atrás para confundir a los perseguidores.
Ataca a las mujeres en lugares desolados. Es probable que su origen coincida con la llegada de los españoles por sus ojos azules; ellos violentaban a las mujeres y al no hacerse cargo, las doncellas decían que fueron atacadas por el “chuzalongo”.
El Llashaco
Uno de los personajes más efectivos para asustar a los niños malcriados fue el famoso Llashaco. Se decía que era un enfermo de lepra que vestía ropas viejas, un sombrero de falda grande y la cara tapada, llevando siempre consigo un machete que afilaba por las noches.
Durante los meses de cosecha (agosto y septiembre), a los niños desobedientes que no querían ayudar a sus padres se les amenazaba con él. Cuenta la leyenda que en la hacienda de Jerves, este personaje atacaba a una mujer al año para bañarse en su sangre.
María Angula
En El Cabo había una señora que no sabía cocinar. La vecina, cansada de enseñarle recetas sin recibir agradecimiento, decidió hacerle una broma macabra: le dijo que fuera al cementerio, buscara al muerto más fresco y le sacara las tripas para hacer un buen caldo.
María Angula lo hizo. Esa misma noche, ya anocheciendo, escuchó a lo lejos un gemido de ultratumba: “María Anguuuuula, devuélveme mis tripas…”. La voz subió las escaleras hasta que, al borde del colapso, el espectro llegó a su cama dándole el susto de su vida.
El Árbol de Nogal y el Alma en Pena
El nogal oriundo de Oriente Medio llegó a El Cabo, siendo un árbol que vive más de 200 años y da deliciosos “toctes”. Había un árbol de nogal muy grande en las tierras de doña Carmen Brito. Se contaba que, a la medianoche, un alma en pena de color blanco flotaba en la primera rama.
El alma se presentaba como una advertencia a los pecadores; en el momento que alguien pasaba por ahí, bajaba y se llevaba al pobre individuo para que pague sus culpas en el otro mundo.
El Milagro de la Sandalia de Oro
Un piadoso padre de familia, Gabriel Cayancela, vivía en total miseria. Desesperado por el hambre de su familia, suplicó ayuda ante la imagen del Señor de la Buena Esperanza. En medio de su fervorosa oración, la estatua dejó caer en sus manos una de sus ricas sandalias de oro macizo.
Al intentar venderla, fue acusado de robarla y de asesinato, siendo condenado a muerte. Como último favor, pidió ser llevado ante la imagen y le imploró: “Tú sabes que soy inocente… vine a tu altar y tú me diste esa sandalia”. Ante el asombro de todos, la imagen dejó caer su otra sandalia. Gabriel quedó libre y vendió la pieza a peso de oro.
Otras Tradiciones y Dichos de Antaño
Mensajes en Penco
Los jóvenes enamorados, al no poder pedir la mano fácilmente, tallaban mensajes románticos como “Aquí te espero” en las hojas de las pencas. Era el mensaje de texto de antaño.
“Vamos a Pichuniar”
En 1972, los jóvenes aprovechaban que los buses disminuían la velocidad en el boquerón para montarse en la parrilla trasera y viajar colgados sin que el chofer los viera.
Cuidado con el Gavilán
A las señoritas se les advertía “cuidado con el gavilán”, no por el ave que cazaba pollos, sino refiriéndose a los muchachos enamoradizos y astutos del pueblo.





